viernes, 22 de octubre de 2010

LAVANDERA CASCADEÑA (Motacilla cinerea)



A todo lo largo de nuestro río Guadalmedina -Uad Al Madina, como le llamaban los árabes-a partir de las primeras lluvias y torrenteras vemos a esta inquieta lavandera cascadeña -Motacilla cinerea- recorrer nerviosa los guijarros de la orilla en el charco formado por el arroyuelo torrencial, persiguiendo dípteros y pequeños coleópteros. La cascadeña es un ave grácil, de precioso vientre amarillo y larguísima cola.
Los detalles que definen a la lavandera cascadeña, aparte de los dos citados, son el manto gris azulado y la rabadilla amarillo verdosa, que refuerzan su estilizada silueta.
El macho en primavera, tiene un babero negro ribeteado de blanco y una conspicua lista clara sobre el ojo, en la hembra es típica su garganta blancuzca.
Habita los cursos altos y medios de las redes fluviales, criando principalmente a lo largo de los arroyos de corriente rápida de las montañas rocosas, pero también en tierra baja, donde el agua fluye con rapidez. En invierno, a lo largo de los ríos y canales, orillas de lagos y lagunas así como en terrenos irrigados con aguas residuales. Esta lavandera al igual que la lavandera blanca -de la que ya hablé- tolera al ser humano y anida fácilmente en estructuras artificiales, como puentes, presas y paredes de viejos molinos; en invierno también se puede encontrar junto a los estanques de los parques. Esta mezcla de agua dulce y piedras, requisito indispensable para que se reproduzca: la cascadeña, se da también en algunos embalses e ibones -nombre de los lagos de las vertientes del Pirineo aragonés- de montaña. Cuando los cauces dejan de ser accidentados, al llegar los ríos a las llanuras donde depositan los aluviones poblados ya de perezosas carpas y barbos que nadan en los remansos, esta especie desaparece.
Tras la dispersión estival, llegan lavanderas cascadeñas a invernar por todo el país, solitarias o en pequeños grupos, viéndoselas incluso en las playas y estanques de las ciudades. Esta lavandera nunca manifiesta las costumbres gregarias de sus congéneres la blanca y la boyera, que suelen reunirse al atardecer -fuera de la época de cría- en nutridos dormideros colectivos.
Está conceptuada como una gran insectívora, que caza en las orillas de los ríos, arroyos o aguas estancadas. Su nido lo sitúa en agujeros o grietas en taludes o acantilados cerca del agua corriente, o entre las raíces de los árboles de la orilla. Puede nidificar en ríos lentos de tierras bajas; también suele utilizar los viejos nidos del mirlo acuático. Su época de cría tiene lugar en febrero en las islas canarias, y en el resto empieza en abril, suele poner una nidada de cuatro a seis huevos de color crema o ante grisáceo, finamente moteados.

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